Haciendo un salto en el tiempo llegamos a 1991, cuando Ridley Scott dirigió este filme. Esta última escena es una alegoría a la libertad, las dos mujeres deciden tirarse al precipicio antes de vivir atadas. Este fragmento es muy emotivo, se trata del final de la película y las protagonistas deciden acabar con todo. Primeros planos de ambas, acercando al público a la sensación de libertad y liberación.
Me parece un buen ejemplo ya que la homosexualidad, en este caso, no se llega a mostrar sino a insinuar y además muy sutilmente o simbólicamente. Creo que esa es en parte la escéncia del cine.
ResponderEliminarEsta es una de los films que más me han llegado, un amor tan disimulado, pero muy profundo.
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